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Lenguaje y Comunicación

Diferencia entre el lenguaje hablado y el escrito

Diferencia entre el lenguaje hablado y el escrito El lenguaje hablado, la exposición oral de cualquier tema, idea o acontecimiento ante uno o varios interlocutores, o ante un auditorio, cuenta con muchos recursos, tales como la entonación, el ademán y el gesto. Estos tres elementos suelen recorrer una inmensa gama de coloraciones o matices: la entonación puede ir desde la suplica hasta la amenaza; el gesto y el ademán deben acompañarla para producir en el animo de los oyentes la impresión deseada..

Reza el proverbio latino: Verba volant, scripta manent (“Las palabras vuelan, lo escrito permanece”). La palabra, que en la escritura china se representa por humo que sale de la boca, no bien es pronunciada se deshace en el aire, literalmente se la lleva el viento. Para que tal palabra permanezca y sirva para transmitir los conocimientos humanos a las generaciones posteriores, para comprometer la conducta del que la ha proferido, para estos y otros fines que lo mismo pueden pertenecer al arte, a la historia, a la economía, a la filosofía, a la pedagogía o al derecho, se inventó la fijación del lenguaje, o sea la palabra escrita.

Precisamente el hecho de que lo escrito, escrito queda, obliga a quien se expresa con la pluma a ser mucho más cuidadoso y precavido. Para ello cuenta con la inapreciable ventaja de poder intentarlo una y otra vez, puliendo y retocando los borradores, asta que el resultado corresponda fielmente a sus deseos.

El hecho de hablar puede, por su parte, equipararse a la primera aparición pública de un actor de teatro; si desempeña su papel bien o mal, no habrá manera de mejorarlo o enmendarlo, y será juzgado conforme a esta única actuación; en cambio, el acto de escribir es como actuar para el cinematógrafo, donde es posible filmar varias veces la misma escena hasta quedar satisfechos intérpretes y directores.

Por lo demás, tanto el que se dedica al arte de hablar en publico como el que cultiva el arte de escribir, y aun cualquiera de nosotros, sin necesidad de ser orador o escritor, constantemente tiene innumerables oportunidades para considerar la forma de expresión, analizar las cualidades o defectos que tenga ésta, y tratar de mejorarla; en otras palabras, a fuerza de estudio y perseverancia podemos mejorar nuestro estilo.

Fuente: La fuerza de las palabras,Ed.Reader's Digest,México.
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