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Lenguaje y Comunicación

Percepción

Los órganos sensoriales constituyen el vínculo del cerebro con el mundo exterior. A través de ellos percibimos e interactuamos con nuestro entorno. El proceso de la percepción se produce en dos etapas básicas. En primer lugar, un órgano sensorial recibe un estímulo del exterior y transmite la información al cerebro en forma de impulso eléctrico. En segundo lugar, la mente analiza esta información y la interpreta en función de una compleja interacción de factores, que incluyen la información ya almacenada relativa al entorno, el contexto, las expectativas, la actitud y las normas culturales.

Cada uno de los sentidos-oído, vista, gusto, olfato y tacto- recibe las sensaciones de una forma diferente, seleccionando los estímulos que le son relevantes. A su vez, esta información es procesada e interpretada en forma específica.

OÍDO

Todo cuanto produce sonido genera unas vibraciones en el aire o en el agua conocidas como ondas acústicas. Estas ondas penetran en el oído y topan con el tímpano, haciéndolo vibrar.
Desde el tímpano, las vibraciones pasan por el oído medio hasta el caracol, una estructura llena de liquido, donde unos receptores especializados conocidos como células ciliadas internas y externas las transducen (las transforman en impulsos eléctricos que el cerebro puede interpretar). Estos impulsos son recogidos por las neuronas auditivas que, agrupadas en haces, conforman los nervios acústicos. Estos transmiten los impulsos a la corteza auditiva del cerebro a través del tálamo, el cuál con frecuencia se describe como el “centro de clasificación o distribución” de las sensaciones.
La corteza auditiva selecciona los estímulos importantes e ignora el resto. En otras palabras, somos selectivos con los sonidos que percibimos simultáneamente. Se cree que la percepción debe ser selectiva para evitar que el cerebro se sobre cargue de información. Sin embargo, es posible que, en lugar de ser completamente filtrados, algunos sonidos sean solo atenuados.

La audición selectiva queda patente en el “fenómeno de la fiesta”.En un local concurrido, una persona puede atender a una conversación particular bloqueando el sonido de otras conversaciones u otros ruidos. Pero si alguien pronuncia su nombre desde otro punto del local, lo captará de inmediato.
Aunque muchos animales poseen un sistema auditivo mas sofisticado que el de los humanos, el cerebro humano parece ser el único que ha evolucionado para percibir el habla. Se cree que el cerebro humano tiende por naturaleza a la percepción de sonidos coherentes más que a la de sonidos inconexos y aleatorios. Esta tendencia sentarse en los rasgos, la regularidad y la coherencia de los sonidos (tal y como sucede con otras informaciones de tipo señorial) explica también la capacidad human para crear y apreciar la música.

VISTA

La cornea, el cristalino y el iris de los ojos trabaja en conjunto para reflejar la luz sobre la retina, situada en la parte posterior de aquellos.
En la retina hay células especializadas que a su vez contiene fotorreceptores (agentes químico que absorben al luz) denominados bastones y conos. Los bastones operan con luz tenue (visión escotópica) y permiten a la mente percibir imágenes en blanco y negro. Los conos operan con niveles de luz elevados (visión fotópica) y capacitan a la mente para percibir el color. Existen tres tipos de conos, cada uno de los cuales es sensible a la longitud de onda luminosa diferente. Es esta diferencia de sensibilidad de los conos la que produce la visión en color.

El proceso de transducción comienza cuando la luz alcanza los bastones y los conos. La absorción de la luz origina un impulso eléctrico que se transmite desde los bastones y los conos a las células ganglionares, cuyos largos axones conforman el nervio óptico. El impulso se desplaza por el nervio óptico hasta el tálamo, antes de ser transmitido a la corteza visual.
La corteza visual procesa e interpreta los impulsos viciosos procedentes del nervio óptico.

Esta parte de la corteza cerebral contiene “detectores de rasgos”, formados por grupos de neuronas especializadas. Uno de ellos se activa en respuesta a los círculos; otros, en respuesta a las líneas rectas, las angulares y las curvas. Unos lo hacen frente a un objeto en movimiento, y otros frente a objetos estáticos. También algunos son estimulados por indeterminado contraste entre luz y oscuridad. La información de todos esos grupos se sintetiza, de manera que la imagen, compuesta por diferentes rasgos a características, se percibe como un conjunto coherente.

Para creas esta imagen coherente, el cerebro busca pautas en al nueva información, intentando dar con formas reconocibles y comprensibles. Este fenómeno es evidente en las ilusiones ópticas, como en las ilustraciones ambiguas que pueden percibirse como un pato o un conejo, o como un jarrón o dos rostros de perfil. Al observar estos dibujos, la percepción oscila entre las dos interpretaciones posibles, por que no dispone de información suficiente para confirmar una u otra.

En ocasiones vemos lo que queremos ver de un modo excesivamente literal. Por ejemplo, alguien que lleva tiempo esperando en una parada puede, ver su autobús cada ves que se aproxime uno. Quien tiene fobia en las arañas podría ver una en cada manche de la pared. Este ultimo caso es mas factible si el individuo previamente ha estado pensando en arañas o si, por ejemplo, camina por un sótano polvoriento donde se anticipa a su visión. Esto demuestra que factores como el estado anímico, el contexto y los prejuicios afectan la percepción.

GUSTO

Los receptores del gusto, o papilas gustativas, se encuentran en al lengua. Estos receptores están cubiertos por unas estructuras diminutas y pilosas. Cuando los alimentos entran en contacto con la saliva, se producen diferentes combinaciones químicas, ante las que reaccionan estos receptores. La reacción produce un impulso eléctrico que es transmitido a la corteza sensorial del cerebro a través del tálamo.

La sensación gustativa es relativamente limitada, pues sólo podemos captar cuatro sabores: dulce, ácido, salado, y amargo. Sin embargo, existe una fuerte interacción entre el gusto y el olfato. Gran parte de lo que percibimos como sabor proviene en realidad del aroma. La percepción del sabor se atenúa notablemente cuando tenemos la nariz tapada como consecuencia de un resfriado.

Cada persona capta el gusto de los alimentos de forma diferente, encontrándolos sabrosos o desagradables; esta sensación viene en gran parte determinada por el entorno cultural y las experiencias del pasado del individuo. A alguien acostumbrado a la dieta generalmente suave del norte de Europa podría resultarle excesivamente fuerte la cocina especiada de la India y del sudeste asiático. Los bebes suelen detestar al acidez de un limón pero, a medida que creen, los niños aprenden a apreciar cada vez más otros sabores además del dulce. Los adultos también aprenden a ampliar sus preferencias alimentarías. Muchos productos exóticos o poco habituales, como el caviar y las ostras, con frecuencia se describen como alimentos con un sabor adquirido o aprendido, que puede resultar desagradable en un principio pero muy placentero cuando uno se hace a él.

OLFATO

El olfato es, probablemente, el más sencillo de los sentidos. A diferencia de otros receptores sensoriales, los olfativos están en contacto directo con el mundo exterior. El aire inhalado estimula estas células, conocidas como células olfativas, que están presentes en las fosas nasales. Las moléculas que forman parte del receptor reaccionan a las sustancias olfativas, provocando el impulso eléctrico que se transmite al cerebro. Estos impulsos no pasan a través del tálamo, tal y como ocurre con otros sentidos, si no que conectan directamente con el sistema limbito, un área del cerebro que desempeña un papel esencial en al memoria y las emociones. Esta conexión directa explica en cierto modo por que los aromas pueden ser tan intensamente evocadores y despertar recuerdos aletargados durante largo tiempo.

La percepción que se tiene de los olores agradables varía de una persona a otra. Sin embargo, la opinión de la mayoría confluye con respecto a los desagradables- comida putrefacta y excrementos, por ejemplo-.El reconocimiento de estos olores como repugnantes responde a un sólido propósito evolutivo: para sobrevivir, es preciso distinguir aquellos alimentos envenenados o potencialmente dañinos.

No obstante, el sentido del olfato es en ocasiones selectivo. Las personas que viven en zonas cuya atmósfera esta impregnada de fuertes olores – procedentes de una destilería o un vertedero, por ejemplo- suelen “bloquearlos” mediante un proceso conocido como habituación, mientras que aquellas que visitan la zona eventualmente pueden percibirlos con claridad.

TACTO

Los receptores del tacto están situados debajo de la piel. Aunque cubren todo el cuerpo, no están distribuidos uniformemente, sino que se encuentran agrupados en zonas sensibles al tacto, como las manos, los labios y la lengua. Existen tres tipos de receptores táctiles: los mecanorreceptores, sensibles al tacto y la presión; los termorreceptores, sensibles a la temperatura; y los nociceptores, sensibles al dolor. Al recibir un estimulo externo, los receptores se activan y envían impulsos eléctricos a la corteza sensorial del cerebro.

Al igual que los otros sentidos, el tacto se habitúa con gran rapidez a un estimulo. Cuando, por ejemplo, alguien sostiene la mano de otra persona sin moverla, deja de sentirla al cabo de unos minutos. Asimismo, un nadador puede estremecerse del frío al tirarse a una piscina, pero probablemente encontrara ideal la temperatura del agua poco después.

La percepción del dolor ha sido objeto de interés para muchos investigadores. La sensación de dolor se produce cuando el tejido del cuerpo se daña, lo cual desencadena la liberación de neurotransmisores que estimulan los botones sinápticos de las neuronas sensitivas.

La llegada de estos impulsos a la corteza da lugar a la percepción del dolor. El hecho de que esta se produzca en la mente queda demostrado en el fenómeno de las personas que “siguen sintiendo” dolor en extremidades amputadas.

Ello se debe a que los circuitos nerviosos de la corteza sensorial asociados a la extremidad continúan activos, pese a la ausencia de la misma.

La tensión muscular también influye en la sensación de dolor. Cuanto más tensos estén los músculos, tanto mas vulnerables son al dolor.
Enseñar a los pacientes a relajar sistemáticamente su cuerpo en un factor esencial en el tratamiento de muchas dolencias crónicas dolorosas.

La percepción de dolor es considerablemente subjetiva, ya que puede depender del grupo social al que se pertenece, de las diferencias culturales y del significado que se le otorga. Durante la 2da. Guerra Mundial, por ejemplo, los médicos observaron que los soldados heridos en combate solían pedir menos calmantes que los civiles convalecientes de una intervención quirúrgica. Este fenómeno se achacó a que estos percibían la operación como una experiencia negativa, mientras que para los soldados era positiva, ya que les proporcionaba una tregua al trauma que suponía el servicio activo.
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